viernes, 12 de diciembre de 2014

La chica.



Llegados a este punto no sabría que poner en estas líneas que se van escribiendo solas a medida que mis dedos dan forma a un montón de pensamientos inconclusos, llenos de duda, miedo y confusión ¿nunca has estado en ese cruce de caminos en el que no sabes si seguir o plantarte? ¿Nunca has mirado al horizonte de la carretera con miedo a que se acabe? ¿Nunca has sentido la necesidad de dejar de decir te quiero?
Todas esas preguntas llenan mi mente y se me clavan como agujas candentes en el interior de mi corazón. Y lo peor es que no puedo dejar de pensarlo. Es como ese chute que necesito para sentirme vivo. Como si el mismo dolor fuera lo que me mantiene despierto incluso por encima de los cafés que no dejo de beber para contrarrestar el insomnio que aún me produces.
Aún en este punto en el que toda mi vida, de principio a fin, está atravesando un cambio radical, en el que veo que todo se va a la mierda y tú deberías ser el menor de mis problemas, tal como dicta la lógica, me empeño en seguir sin ver y todavía derramo lágrimas y suspiros por ti. Por necesitarte tanto y ver que no estás. Todavía monto en moto y hago kilómetros con la mente en blanco. No sé si alejándome de ti o acercándome, y lo que pienso en la carretera lo olvido en el primer cruce. A veces no tengo ni idea de a dónde conduzco, sólo aprieto el acelerador y me pierdo entre el asfalto. Hasta el humo del cigarro que se eleva sobre la cuneta me recuerda a ti y cada trago de cerveza tiene tu sabor. Un sabor dulce al principio, pero que deja un regusto amargo al final de la garganta.
Nunca fuiste esa chica de la que podía enamorarme como se enamoran los príncipes, ni yo fui nunca ese príncipe que te concediese cada uno de los caprichos que mereces. Tú eras esa chica que siempre veía en el otro extremo de la barra del bar, esos ojos que me devolvían la mirada cuando daba un trago de cerveza. Tú eras quién ponía letra a mi melodía de rock. El limón de mi tequila. El fuego que prende cada cigarro y el polvo que apaga mis ansias. Tu perfume no era el de una chica corriente, tu perfume era mi favorito, el del cuero y la gasolina. Y tu voz la oía siempre acompañada del sonido del motor. Nunca fuiste como cualquiera pero cualquiera pudo ser como tú. Solamente fuiste eso. La chica.  

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