Llegados
a este punto no sabría que poner en estas líneas que se van escribiendo solas a
medida que mis dedos dan forma a un montón de pensamientos inconclusos, llenos
de duda, miedo y confusión ¿nunca has estado en ese cruce de caminos en el que
no sabes si seguir o plantarte? ¿Nunca has mirado al horizonte de la carretera
con miedo a que se acabe? ¿Nunca has sentido la necesidad de dejar de decir te
quiero?
Todas
esas preguntas llenan mi mente y se me clavan como agujas candentes en el
interior de mi corazón. Y lo peor es que no puedo dejar de pensarlo. Es como
ese chute que necesito para sentirme vivo. Como si el mismo dolor fuera lo que
me mantiene despierto incluso por encima de los cafés que no dejo de beber para
contrarrestar el insomnio que aún me produces.
Aún
en este punto en el que toda mi vida, de principio a fin, está atravesando un
cambio radical, en el que veo que todo se va a la mierda y tú deberías ser el
menor de mis problemas, tal como dicta la lógica, me empeño en seguir sin ver y
todavía derramo lágrimas y suspiros por ti. Por necesitarte tanto y ver que no
estás. Todavía monto en moto y hago kilómetros con la mente en blanco. No sé si
alejándome de ti o acercándome, y lo que pienso en la carretera lo olvido en el
primer cruce. A veces no tengo ni idea de a dónde conduzco, sólo aprieto el
acelerador y me pierdo entre el asfalto. Hasta el humo del cigarro que se eleva
sobre la cuneta me recuerda a ti y cada trago de cerveza tiene tu sabor. Un
sabor dulce al principio, pero que deja un regusto amargo al final de la
garganta.
Nunca
fuiste esa chica de la que podía enamorarme como se enamoran los príncipes, ni
yo fui nunca ese príncipe que te concediese cada uno de los caprichos que mereces.
Tú eras esa chica que siempre veía en el otro extremo de la barra del bar, esos
ojos que me devolvían la mirada cuando daba un trago de cerveza. Tú eras quién
ponía letra a mi melodía de rock. El limón de mi tequila. El fuego que prende
cada cigarro y el polvo que apaga mis ansias. Tu perfume no era el de una chica
corriente, tu perfume era mi favorito, el del cuero y la gasolina. Y tu voz la
oía siempre acompañada del sonido del motor. Nunca fuiste como cualquiera pero
cualquiera pudo ser como tú. Solamente fuiste eso. La chica.
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